Dos curiosas leyendas del Camino de Santiago en que los héroes son animales

por mali

Nos veremos “en Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada”

El pueblo de Santo Domingo de la Calzada, en La Rioja, es el escenario de una de las leyendas más curiosas de todo el Camino de Santiago. En plena Edad Media y época de Cruzadas, siglo XIV, un joven peregrino pasaba por aquí junto a sus padres cuando ocurrió un hecho fatídico: sufrieron una denuncia falsa que acarreaba la pena de muerte. Resulta que la posada en que se alojaban también albergaba a una moza que trabajaba allí y que sintió un flechazo al ver a Hugonell, el joven peregrino, pero que fue rechazada por el germano. Y se cumplió esa frase hecha que afirma que cuando una mujer quiere hundir a un hombre (o viceversa), como mínimo, lo intenta…

Así fue que le tendió una trampa tremenda que no podía fallar: puso en el zurrón del joven (la maleta de entonces) un regalo más que envenenado. Una copa de plata que no era del chico y por la cual fue objeto de una fea acusación: el robo en esa época equivalía a morir en el cadalso y los peregrinos no estaban exentos de esa pena.

A la mañana siguiente, el joven Hugonell y sus padres se disponían a dejar Santo Domingo para seguir su viaje, pero se presentaron las autoridades para comprobar si la acusación de la muchacha era veraz. ¡Cuál no sería la sorpresa del propio protagonista, el supuesto ladrón, al descubrir que una copa inesperada brotaba de pronto de su zurrón! De inmediato fue declarado culpable su condena fue la horca, y sus padres no podían hacer nada más que rezar al Apóstol Santiago por su salvación… ¡Pobres padres de Hugonell! Habían partido de Alemania para hacer un viaje en familia y ahora tendrían que volver sin su hijo… ¡Pero al acercarse al cadáver de Hugonell y decirle adiós, antes de enterrarle, de pronto éste les habló y les dijo que está vivo por gracia de Santiago!

Los padres se sintieron renacer y fueron a decírselo al corregidor (el juez de la época), que estaba cenando pollo cuando llegaron. Y así fue que se rió de ellos y les dijo: “vuestro hijo está tan vivo como este gallo y esta gallina que me disponía a comer antes de que me importunarais”. Justo en ese momento, ambas aves saltaron del plato y cantaron, dándole al juez de turno el susto de su vida. De ahí el conocido verso: “en Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada”.

 

Esta leyenda está muy relacionada la del Gallo de Barcelos y creo que ilustra una bella moraleja: no debemos levantar falso testimonio por muy dolidos que estemos con alguien, no sólo denunciando sino acusando o calumniando… ¡Como dice el refrán, y nunca mejor traído para esta leyenda, es más fácil quitarle las plumas a la gallina que volver a ponérselas!

 

¡Conoce el Norte con nosotros, haciendo el Camino en buena compañía!

El milagro de los toros de Carrión de los Condes y el Tributo de las Cien Doncellas.

¿Sabías que unos toros salvaron a unas chicas de ser raptadas en la Edad Media? Es una famosa leyenda, no sabemos si con base real…

En los inicios del Camino, éste transcurría muy próximo a la frontera entre los Reinos Moros y Cristianos, que estaban en esos años en los albores de una guerra que duraría casi un milenio. Así pues, los mitos que acompañan a toda guerra y más si es civil, como era el caso, impregnaron desde el principio la propia Leyenda general del Camino. Hay que tener en cuenta que viajar era por entonces una afición u obligación peligrosa: ¡los cristianos que efectuaban la ruta creían ver a los peligrosos moros por todas partes, siendo junto a los propios bandoleros de la ruta el gran peligro que acechaba a los peregrinos!

Iglesia de Santiago, espectacular templo románico de Carrión de los Condes con un precioso Pantócrator (imagen de Dios rodeado de los cuatro simbolos de los evangelistas: el león, el ángel, el cuervo… Y el toro)

Muchas veces se referían a los andalusíes con nombres ya olvidados, como “caldeos” o “agarenos”, y en medio del conflicto y del temor constante a ser atacados por ellos surgieron mitos muy perdurables, como el Tributo de las Cien Doncellas. Un cuento que durante siglos ha perdurado como real, pero que tiene su más que probable origen en la propaganda de guerra de los reyes de Asturias y León. Lo que nadie se podía imaginar es que esta vez los héroes serían un rebaño de valientes toros… Salvando a unas muchachas de ser raptadas y violadas.

Este cuento es sin duda fruto de una exageración, pues tiene una base de realidad: los Estados Cristianos de entonces, siendo el más grande el de Asturias, que luego daría origen a León y (a su vez) a Castilla, estaban en una posición de gran debilidad respecto al gigante ibérico del momento: Al Ándalus. Esta gran Potencia, basada en Córdoba, que primero fue un Reino y más tarde un Califato o Imperio, sometía a continuos ataques a sus adversarios del Norte: Asturias, Navarra, Aragón, los Condados Catalanes… Éstos por supuesto respondían con sus propias expediciones militares, pero el Sultán (o Califa) de Córdoba tenía más fuerza que ellos en esos primeros momentos de la Reconquista. El resultado de estos desencuentros eran muchas batallas en las que morían guerreros y civiles, que además eran a menudo secuestrados para esclavizarles o pedir rescate por ellos…

Y así fue que para evitar sus agresiones, los Reyes Cristianos pagaban a Al Ándalus unas parias o tributos, que compraban la paz por el momento y permitían a estos Reinos seguir desarrollándose. De esta manera, entre batalla y batalla, unos u otros se veían obligados a hacer concesiones al enemigo… Y de este contexto nace la leyenda del Tributo de las Cien Doncellas.

En el máximo de la debilidad del Reino Astur-Leonés, que era el principal enemigo de Córdoba, resultó que hubo un Rey llamado Mauregato. En efecto, es el que dio el nombre a esta comarca y a este cocido leonés tan famoso, pero también dio origen a este legendario tributo que consistía en que cien muchachas de todo el Reino serían entregadas, cada año, a los odiados enemigos de Al Ándalus. Y serían todas doncellas, es decir, vírgenes, además de distribuidas en una curiosa distinción social: 50 serían de origen noble y 50 serían plebeyas.

El objetivo de tal tributo, como podemos imaginar, era entregarlas a los hombres del Sultánpara que hicieran con ellas sus voluntades”, por lo que resultaba una auténtica afrenta nacional para todos los cristianos implicados y un verdadero drama: todos los pueblos grandes del Reino debían contribuir a este humillante pago y Carrión de los Condes, en Palencia, era una de las ciudades obligadas a ello.

Sucedió entonces que los andalusíes, cuando subían a recoger a las chicas, iban parando por cada lugar indicado en su ruta y se detuvieron también en Carrión. Allí les estaban esperando las desafortunadas para unirse a las demás chicas, en su camino hacia Córdoba, pero entonces sucedió algo imprevisto: ¡unos toros de la ciudad salieron de su cercado y atacaron de pronto a los moros, poniéndoles en fuga y liberando a todas las muchachas que llevaban prisioneras! Un milagro que los carrionenses achacarían a la intervención divina del Apóstol, de la Virgen o de su propio Santo local: un muchacho cordobés, martirizado por los romanos, que se llamaba Zoilo.

Toros en una ménsula de la iglesia de Santa María del Camino, Carrión

Este milagro de los toros, que no sabemos hasta qué punto es ficticio o tiene su base de verdad, se celebra en un curioso cuadro que se expone en el Monasterio de San Zoilo, en Carrión. Un lugar fantástico para albergarse, comer o simplemente tomarse un café y disfrutar de sus bellos rincones y cercanías. Carrión de los Condes es un sitio magnífico para pasar más de un día mientras conocemos toda la comarca, sin duda un lugar para la leyenda que en Maliciosa Tour conocemos muy bien.

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